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No sobrestimes tu capacidad de parecer inferior

Landaeta1A pesar de los buenos deseos que se incluyen en la afirmación de que todos los seres humanos son iguales, la misma no deja de ser de una ingenuidad casi infantil.

Si así fuera, Mozart jamás habría sido considerado un genio de la música, Einstein no sería recordado sino como un viejito bonachón con cara de loco y hasta el hijo de la panadera podría jugar al béisbol como Omar Vizquel.

La realidad es que cada cual es distinto y eso no tiene nada de malo. Imaginar un mundo en el que no haya ninguna diferencia entre la gente, es tan aterrador como pensar que solo existiera un solo color en el arcoiris o que tuviéramos una única palabra para comunicarnos.

Cuando nos comparamos con los mejores, es inevitable sentir una cierta desazón interna, la cual nos impulsa a buscar algo que exhibir en nuestra personalidad. Así podemos decir:

― Mozart será una maravilla con su música, pero yo juego perinola como un campeón.

¡Listo!, el Ego queda satisfecho y seguimos con nuestra vida.

El problema surge cuando quien ha hecho la comparación desventajosa, recurre a enfatizar su minusvalía y decide dar lástima a los demás. Situándose en el plano de los mártires o los lisiados son muchos los mediocres y los aprovechadores que se echan en su nido a esperar que una “madre abnegada” les ponga el pan en la boca. Ellos apelan a la vena compasiva de la humanidad y llenan sus bolsillos, sin apenas mover un dedo.

Claro está que con el tiempo y si la técnica se exagera demasiado o se acaban los recursos, a estos lamentables personajes se les descubre el juego y terminan apaleados o arrinconados en su miseria.

Por eso, Si estás usando en este momento el disfraz de “mendigo emocional” para beneficiarte, piénsalo y no te pases Clic para tuitear… tal vez la paciencia ajena sea tan escasa como parece ser tu dignidad.

 

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¿Esperas a que se den las condiciones? ¡Salúdame a…

MoonSi hay algo en lo que el ser humano es un experto casi de forma innata, es en el arte de mentirse a sí mismo con excusas tan inteligentes que convencerían hasta al mismísimo Santo Tomás, el escéptico más conocido de la historia.

“Es que no es el momento”, “Déjame evaluar primero todas las opciones”, “Tengo que pensarlo muy bien” y otras construcciones semejantes, se encuentran en boca de personas que acaban de cumplir los 65 años sin haberse movido más allá del portal de su casa. Pero la que sin duda posee una efectividad lamentable, es aquella que parte de una premisa tan surrealista como: “No están dadas las condiciones”.

Tal planteamiento se apoya sobre el supuesto de que hay unas circunstancias particulares, no presentes en el momento, las cuales eventualmente favorecerían los cambios o darían la pauta para emprenderlos con la mejor probabilidad de éxito. Leer más “¿Esperas a que se den las condiciones? ¡Salúdame a la luna!”

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Gratitud, una cucharada de azúcar en el café

Landaeta1“Es de bien nacido, ser agradecido”.

He escogido este viejo dicho español como encabezamiento de mi artículo de hoy, por considerar que en él se resume la verdad de lo que ocurre en la personalidad humana.

Solo quien ha trascendido las etapas primitivas del narcisismo, es capaz de reconocer su obligación de retribuir de algún modo el bien recibido.

Los niños muy pequeños no sienten ninguna tendencia a agradecer. Para ellos, lo importante es que se les dé lo que necesitan… ¡punto! Leer más “Gratitud, una cucharada de azúcar en el café”

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Si buscas el éxito, ¡Dale la vuelta al fracaso!

CharlieDesde muy temprano en la vida nos mortificamos por la idea de que debemos tener éxito en algo… en lo que sea.

Muchos son los padres bien intencionados que animan a sus hijos recurriendo a frases sin sentido, tales como:

“Sé el mejor en lo que elijas. Aun si decides ser un barrendero, ¡sé el mejor barrendero!”.

Claro que, por derivación, si el muchacho escoge el gangsterismo como profesión, tendría que aplicarse bien en la tarea hasta situarse por encima del inestimable Al Capone. Leer más “Si buscas el éxito, ¡Dale la vuelta al fracaso!”

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El mundo allá afuera y yo, pintando sillas

ChairAquel profesor invitado que nos dio un par de clases sobre genética en mi ya lejano postgrado, era una eminencia en su campo. Daba conferencias en diferentes ciudades de los Estados Unidos, aparecía en televisión, escribía para tres revistas especializadas y en general, estaba siempre demandado de su presencia por gente ávida de conocimientos.

 

Al terminar la última de sus charlas, nos reunimos con él en el comedor de la universidad y allí me atreví a preguntarle sobre aquello que me intrigaba.

Llamaba mi atención que siendo un individuo bastante pasado de los sesenta años, tuviera la energía para cumplir con todas las invitaciones que se le hacían y además, mantener una personalidad simpática y dispuesta a complacer a quien solicitara su consejo. ¿Cómo hacía? Leer más “El mundo allá afuera y yo, pintando sillas”

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Los amores condicionales. Mi artículo en Revista Dominical.

Landaeta1Lo digo sin vacilación alguna: tanto en el amor de pareja como en las amistades, debería excluirse el uso del “Sí”, condicional.

Frases al estilo de “Si de verdad me quieres…” o “Si eres mi amigo(a)…”, casi siempre encubren una posición chantajista destinada a manipular la voluntad del otro y obligarlo a hacer algo que por sí solo, probablemente no haría.

¿Es compatible el chantaje con sentimientos genuinos y honestos? De inmediato respondo que no lo es, pero dada la variedad de significados e interpretaciones que siempre se le ha dado a lo que uno siente, seguramente alguien saldrá a decir que las pruebas de amor o amistad son válidas, y exigirlas, una demostración de interés romántico. Leer más “Los amores condicionales. Mi artículo en Revista Dominical.”

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Todos tenemos un don. ¿Conoces el tuyo?

Clouds

Frecuentemente, los relatores de la Historia emplean adjetivos altisonantes y sublimes loas para ensalzar las virtudes de personajes geniales como Goethe, Mozart, Da Vinci o Einstein, haciendo que el resto de los mortales parezcamos viles insectos, carentes de alguna virtud que nos permita levantar la cabeza con orgullo.

Naturalmente, a individuos como los mencionados hay que reconocerles sus méritos y agradecer los aportes que dejaron a la humanidad; pero estaríamos muy equivocados si aceptáramos que solo ellos o un puñado de “elegidos por los dioses”, vienen al mundo dotados de cualidades que los hacen especiales.

Al analizar este tema, he recordado el caso de un amigo de mi adolescencia quien no había estudiado más allá del sexto grado de Primaria, era muy poco agraciado físicamente y en general, la gente del vecindario lo tenía por “un loquito” que nunca llegaría a nada.

En su juventud temprana, cometió la imprudencia de embarazar a su novia.

Dado que no tenía un oficio específico o un trabajo fijo, uno de mis tíos le ofreció su casa de playa para que residiera en ella. A cambio, solo tendría que hacer las labores rutinarias de mantenimiento y vigilancia.

Tres meses después, los compañeros fuimos a visitar a la pareja y de paso, darnos un baño de mar.  Apenas entrar a la casa, nos impactaron los cambios que el “loquito” aquel le había dado.

Según nos contó, un día que andaba aburrido decidió usar unos botes de pintura sobrante que había almacenados en el sótano y decorar algunas paredes con  diseños que se le iban ocurriendo en el momento.

Al verlos, quedamos sorprendidos a niveles siderales. El tipo era un pintor de frescos, ¡extraordinario! y nunca nadie se había dado cuenta de ello, porque ni siquiera  él mismo se sabía dueño de un don tan especial.

He allí una muestra de lo que ocurre cuando has vivido en la convicción de no tener nada de genio y de pronto te topas con otra realidad.

Claro está, que sería una tontería caer en el autoengaño, creyendo que porque traces tres garabatos al azar, eres comparable a Picasso o Miró. De lo que se trata es de evaluar correctamente tu potencial interno y explotarlo, ya sea por puro placer o porque deseas obtener algunos beneficios.

Piénsalo. Tal vez esa tendencia a deducir figuras en las nubes o una cierta habilidad para jugar al dominó con galletas de soda, sean indicios de algo que ronda en tu inconsciente, esperando a ser canalizado de forma más útil.

Haz como mi amigo, quien aprovechó productivamente unos ratos de tedio, en lugar de correr a aturdirse con los ruidos provenientes de la radio o las imágenes del televisor.

Sin saberlo, él cumplió con el consejo del investigador Jean Piaget, quien alentaba a los padres a permitir que sus hijos se aburrieran, porque así se verían obligados a crear.

Inténtalo. Quién sabe si no has descubierto tu don porque has estado demasiado ocupado(a) en cosas que parecen urgentes; pero seguro, allí está.

Búscalo, entrénalo y úsalo. Verás el cambio que da tu vida para volverse más interesante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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7 razones por las que la gente no es…

Shy(Conclusiones de un Grupo Focal en Madrid)

 

Durante una reunión de trabajo reflexivo con jóvenes en la comunidad de Tres Cantos, Madrid, sobre el tema: ¿Por qué la gente no es más amigable?, se votaron las siguientes razones como las mayores motivadoras de actitudes de indiferencia, desapego o franca hostilidad en las personas.

Aparecen ordenadas en función de la importancia que cada una tiene en controlar la conducta poco amigable:

 

  1. Inseguridad, temor al rechazo:

La persona insegura se refugia en una pose de indolencia como defensa ante lo que anticipa como rechazo, por parte de aquellos hacia quienes pueda mostrarse abierto o dispuesto a la cordialidad. En este sentido, es más un mecanismo de defensa, que un deseo de mantenerse aislado de los demás.

 

  1. Aprendizaje en el hogar:

Los individuos criados en ambientes familiares más o menos encerrados dentro de sus propias creencias o parámetros valorativos, aprenden a ser desconfiados hacia aquellos que no se les parecen e igualmente, descuidan el factor de la amigabilidad hacia sus conocidos.

 

  1. Experiencias negativas previas:

Haber intentado un acercamiento cordial hacia personas que luego se aprovecharon de la buena fe de quien en su momento les tendió una mano, suele ser un factor que contribuye a levantar barreras y posiciones defensivas en el futuro.

 

  1. Resentimiento:

 

Quienes han ido acumulando frustraciones y desencantos, ya sea en el plano de las relaciones afectivas o en sus proyectos de crecimiento, tienden a desarrollar hostilidad hacia quienes consideran responsables por sus fracasos y a poner obstáculos para el éxito ajeno.

 

  1. Trastornos de personalidad:

La emocionalidad característica de ciertos cuadros patológicos, tales como: Trastornos obsesivo-compulsivos, Neurosis de ansiedad, Fobias, Síndrome de Asperger, etc., limitan las posibilidades de apertura afectuosa hacia el medio ambiente.

Quien sufre de tales condiciones, no solo desea protegerse del contacto con las demás personas, sino que puede llegar a mostrarse abiertamente hostil a cualquier acercamiento.

 

  1. Procesos de socialización defectuosos:

Un medio social deprivado culturalmente, falla en proveer herramientas diseñadas para un diálogo constructivo y vuelve rígido el comportamiento.

Escasez de vocabulario, así como una acusada inhabilidad para expresar convenientemente las emociones, son elementos típicos en quienes más temen la amigabilidad, especialmente hacia personas no incluidas en su habitual patrón de confianza.

 

  1. Desconocimiento:

Un alto porcentaje de individuos ignora las ventajas que aportaría a su entorno, una actitud menos defensiva o aislada.

Tan pronto adquieren consciencia de que matizando su conducta con una  porción de alegría y tendiendo una mano amistosa hacia el resto del mundo, logran más beneficios que desventajas, rebajan sus reticencias y se convierten en activos modeladores de una actitud más saludable.

 

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5 formas de perder cuando deberías ganar

FallEs desgarrador el espectáculo de aquellas personas talentosas, suficientemente preparadas para el triunfo y que, sin embargo se quedan en un nivel de mediocridad exasperante.

Estos individuos ―sucede en ambos géneros―, parecen merecedores de un destino glorioso, pero pasa el tiempo y siguen allí, estancados en un nivel bajo y poco satisfactorio.

¿Te identificas con la descripción precedente? ¿A menudo te descubres preguntándote por qué pierdes cuando deberías ganar?

Tal vez estés haciendo, consciente o inconscientemente, una de estas cinco cosas:

  1. Piensas que en la vida lo importante no es ganar sino competir.

¡Grave error! Ese lema absurdo, seguramente lo inventó un perdedor para justificar su cadena de derrotas.

Quien considera que ganar no es importante, ¿para qué rayos compite? Más le valdría quedarse en casa a mirar las telenovelas de la tarde, que ponerse a estudiar o a ejercitarse para entrar con éxito al campo, ya sea deportivo, laboral o amoroso.

Si compites es para ganar, no para otra cosa.

 

  1. Crees que el triunfo es para unos cuantos elegidos, que nacieron bendecidos por la genética o por un don divino.

¡Falso! Si bien existen genios tales como Mozart o Goethe, que llegaron al mundo con unos supercromosomas metidos en su maletín genético, también hay seres menos portentosos que logran llegar a grandes alturas por esfuerzo y empeño en progresar.

La convicción de que solo “los elegidos” por la Naturaleza o el Olimpo, alcanzan las cimas de la grandeza, solo te conducirá al fracaso más rotundo.

Analízate y trabaja para fortalecer tu motivación hacia las metas que te has propuesto. No hay un éxito garantizado, pero intentarlo vale la pena.

 

  1. Tienes una autoestima equivocada.

Mucha gente se engaña, pensando que la autoestima es llenarse de mentiras y exagerar las propias capacidades, para escalar hasta las cimas más altas.

Guiados por su error de concepto se imponen metas irreales, imposibles de lograr hasta para el más pintado de los especímenes humanos.

En cambio, aquellos que miden exactamente su estatura y su capacidad, son los que pasan sobre los obstáculos sin golpearse la cabeza o tropezar con sus pies.

Recuerda la siguiente ecuación, cuando te propongas un escenario competitivo:

Estimación adecuada de los potenciales = Metas en la realidad = Aumento de probabilidad de éxito.

 

  1. Estás persuadido de que necesitas las circunstancias ideales para desplegar tus alas.

¡Mentira! La historia de la humanidad ha demostrado que nunca los ganadores han contado con unas condiciones propicias o cien por ciento favorables a sus deseos.

Antes bien, aquellos que han hecho algo de su talento por lo común tuvieron que luchar contra un medio que les apabullaba con críticas malsanas o fuerzas contrarias que se oponían a sus esfuerzos.

Las circunstancias tienes que crearlas si no existen y aprovechar lo que tengas en tu interior, para que otros las valoren como de tu autoría. Lo opuesto, es seguir soñando con un ángel que baje del cielo.

 

  1. Te sientes culpable cuando ganas.

Los estudios psicoanalíticos señalan al sentimiento de culpabilidad como un factor perjudicial en general, pero aseguran que su influencia nociva es todavía mayor en quienes se sienten más dotados o poderosos que otros y por ello,  al ganarles, los dañan irremediablemente.

Así, es su misma actividad de autosabotaje es lo que acaba por dejarles en el paladar el acre sabor de la derrota.

Esto es, que ¡se convierten en sus peores enemigos!

¿Es tu caso? Hazte un favor y revisa con calma tu opinión al respecto. ¿De verdad, compites para ganar o prefieres evitar la culpa, dejando que el otro se lleve la palma?

Si es así, borra de inmediato ese esquema perverso.

¡Se juega para ganar y el rival está ahí para usar sus mejores armas!

Si ganas, felicítate y disfruta del triunfo.  Si pierdes, levántate de nuevo y prepárate para la próxima ocasión.

¡Nada de culpas inútiles!

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¿CÓMO HUIR DE “TODO LO QUE SE LE PAREZCA”?

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“¿De modo que no le leíste al armario mis estúpidos chistes?…

¿No sabes que amo con un amor impotente a todo lo que está en tu habitación?”

Franz Kafka (Cartas a Milena)

 

En días pasados, un paciente a quien atendí hace unos cuantos años, me escribió para consultarme sobre un tema que le preocupaba.

A pesar de que decía haber superado el horrible duelo por el cual, en aquel tiempo había solicitado mi intervención, sin embargo se sentía literalmente “anclado” a todo lo que le recordara los mejores momentos vividos con su pareja. Leer más “¿CÓMO HUIR DE “TODO LO QUE SE LE PAREZCA”?”