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La violencia de género y lo que nos hace…

Mujer

Si bien muchas personas ya han calificado a la violencia de cualquier tipo hacia la mujer como un hecho repudiable, lo cierto es que la misma no solo no ha disminuido de manera considerable, sino que ha aumentado de forma alarmante.

Las estadísticas del maltrato que recibe nuestra población femenina a nivel mundial, ciertamente constituyen una vergüenza para sociedades que se autocalifican como “avanzadas” o “modernas”.

Innumerables son los llamados de alerta, los artículos que se publican cada día y las acciones que se emprenden con la intención de prevenir o sancionar efectivamente las agresiones hacia las representantes del sexo femenino; sin embargo, nada de lo que se ha hecho hasta los momentos, parece modificar de manera sustancial las actitudes que promueven los ataques contra ellas.

Sin menospreciar la importancia o la necesidad de tales proyectos, cargados de buenas intenciones, es poco lo que se podrá hacer si no se lleva a cabo una poderosa y contundente campaña en contra de lo que aceptamos como “normal” en el hablar y en el comportamiento habitual de nuestra gente. Read more “La violencia de género y lo que nos hace reír”

Esos acuerdos tácitos en la pareja Artículos

ESOS “ACUERDOS” TÁCITOS EN LA PAREJA

Esos acuerdos tácitos en la pareja

Vista con la frialdad que se asume desde la acera opuesta al puro romanticismo, una pareja no es más que una asociación de dos personas que acuerdan estar juntas, bajo ciertas condiciones.

Entre los acuerdos básicos e implícitos está por ejemplo, el hecho de que la frase: “Yo te amo” no puede pronunciarse hacia ningún otro ser – al menos no de la misma manera en que fue dicha al amante – so pena de que haya bastantes líos.

Otros acuerdos esenciales y lógicamente aceptados, incluyen expresiones afectivas verbales y corporales compartidas, entendimiento sexual, confianza, convivencia y solidaridad automática frente a cuanto enemigo pueda amenazar a cualquiera de los integrantes.

En estos puntos, creo que coinciden todos o la gran mayoría de los códigos de conducta de las parejas que habitan este mundo. Nadie en su sano juicio se atrevería a cuestionar esos principios y especialmente, si la pareja está apenas comenzando y por lo tanto, inmersa en la nube rosada que les ayuda a  volar sobre las innobles cabezas de quienes no comparten el “amor sublime” que ellos viven. Read more “ESOS “ACUERDOS” TÁCITOS EN LA PAREJA”

El mito de la "felicidad" infantil Artículos

EL MITO DE LA “FELICIDAD” INFANTIL

Hadas

A la literatura debemos muchas cosas extraordinarias y sin ella, ciertamente seguiríamos atrapados en el horrendo Oscurantismo de la época medieval. Pero así como hay que reconocerles todos sus méritos a los escritores y divulgadores del conocimiento, también es preciso reprocharles – con las excepciones de rigor – su falta de objetividad al tratar ciertos temas que tienen que ver con el mundo interno del ser humano.

Uno de ellos por ejemplo, es el referente a la supuesta existencia de un mundo feliz en el que habitan los niños, el cual es distorsionado o suprimido a causa de la indeseable progresión hacia la adultez.

Lamentablemente para los idealistas, la ciencia psicológica ha comprobado que no hay tal escenario idílico y que, por el contrario, la etapa de la niñez está plagada de angustias, problemas y contradicciones casi tan agudas como las que vive cualquier adulto medianamente normal.

Pero entonces, ¿por qué juegan constantemente los niños? ¿No es acaso una señal de que sus vidas carecen de preocupaciones? ¿No son ellos inocentes, ingenuos, espontáneos, angelicales y cuanto calificativo edulcorado se les pueda poner?

Tal vez la respuesta a estas cuestiones por parte de uno de aquellos creadores de la Palomita Blanca o el Conejito Rosa, sea una afirmación definitiva y convencida; pero quienes hemos trabajado directamente con niños y sabemos de las vicisitudes propias de la infancia, preferimos alejarnos del aroma a flores silvestres que exudan los angelitos serenados y concentrarnos más en la realidad.

Tanto los trabajos de Anna Freud, como los de Jean Piaget, han demostrado que el juego de los niños es básicamente un recurso para manejar los conflictos que les genera el ambiente y aprender mecanismos que les ayuden a resolver el problema esencial de la adaptación.

Mediante la manipulación de objetos para convertirlos en juguetes, les es posible reevaluar sus propias experiencias para procesarlas de una forma comprensible e incorporable a su propia conducta.

Las fantasías que les genera la sumisión a una autoridad que les priva del placer de hacer lo que les da la gana, son intensas y difíciles de expresar sin exponerse a un fuerte castigo o en el mejor de los casos, a un distanciamiento afectivo de las personas significativas en su entorno.

La influencia de tales ideaciones les altera la conducta, les produce fobias, inseguridad, nerviosismo, intranquilidad y nuevas necesidades por canalizar sus ansiedades a través de actividades catárticas.

La competencia con los hermanos, los procesos de socialización, la interacción con el incomprensible mundo adulto, así como la vulnerabilidad física que se les comprueba cada día a través de la actitud protectora de sus padres, ¿no serán más motivos de preocupación que de disfrute ilimitado?

Quien haya tenido oportunidad de analizar objetivamente los juegos y las expresiones artísticas de la infancia, verá claramente las representaciones de un mundo turbulento, lleno de emociones contradictorias que poco o nada tienen que ver con un idílico Edén donde no existen miedos, dolores, odios, venganzas y tantas otras pasiones que solo les acreditamos a personalidades problemáticas.

Tal vez si nos dejáramos de tanto cántico celestial y nos permitiéramos ver a los niños como son, la percepción de sus realidades internas nos llevaría a movernos en un mejor sentido para ayudarles a sobrellevar tan pesada carga.

Una comprensión menos romántica de la infancia no será tan divertida y “cuchi”, como la que nos venden los folletines que leemos en el Pre-escolar; pero seguro estoy  que si le preguntáramos a un niño qué preferiría entre un medio efectivo para calmar sus temores o la lectura de un cuento de Perrault,  su respuesta seria….

Mmmmm… Pensándolo bien, mejor dejo a ustedes la deducción de la respuesta en la esperanza de que prevalezca el razonamiento de la madurez, aun corriendo el riesgo de que esto pueda ser tan solo una más de mis fantasías infantiles.

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Los “paparazzi” del abandono

Los “paparazzi” del abandonoLas separaciones amorosas no solo son motivo de un lógico dolor psíquico, sino que también pueden dar origen a una completa remoción de conflictos inter e intrapersonales los cuales a veces pueden estimular capacidades malsanas en quienes los padecen.

En tiempos recientes, he podido constatar cómo a muchas personas de las que se sienten abandonadas por su pareja – o que quedaron con ciertos resentimientos porque aquella no parecía estarla pasando nada mal después de la partida -, les cuesta muchísimo trabajo librarse definitivamente de las pesadas cadenas que les produce el duelo y se mantienen en un plan de seguimiento y observación del otro, esperando a que en algún momento caiga del podio de los ganadores.

Los deseos de que el abandonante sufra, por lo común son animados por una vana esperanza reivindicativa. Aquel que ha quedado resentido por la ruptura, en este caso se mueve entre dos polos ilusoriamente positivos: Por un lado, espera que si al causante de su pena las cosas no le salen bien, eventualmente se dé cuenta de su error y regrese arrepentido (a) a reanudar la relación. Y por el otro, apuesta a que si le va mal, pero igual se mantiene distante, al menos le dará satisfacción verlo (a) expiar las culpas que debería sentir, por el horrible malestar que su ausencia ha generado.

Naturalmente, para tener constancia de la “vida de cuadritos” que lleva el objeto de su afán, debe seguirlo permanentemente, no perder el contacto, saber de sus andanzas, con quién se reúne, qué sitios frecuenta, a quién persigue, quién le acepta y quién le rechaza.

Es decir, que este pobre ser, anonadado por profundos sentimientos de carencia emocional y una muy baja autoestima, vive como asomado furtivamente por la ventana de la casa ajena, chequeando los pasos que da su amante perdido (a) a la espera de que ocurra un traspiés que a él (ella) le devuelva una paz espiritual a la cual, en el fondo, no se siente con derecho.

Desde luego que mejor le iría si cerrara el ciclo del dolor, viviera sanamente el duelo y sacara un aprendizaje de la experiencia, como para rehacer su mundo emotivo y estar en condiciones de unirse a otra persona que le quiera como se lo merece.

Pero, ¿Quién convence de su error a alguien que ya se ha vuelto un patético paparazzo husmeador de las redes sociales, investigador (a) a tiempo completo, como Sherlock Holmes, hasta del último cabello que cae de la adorada y huidiza cabeza; y que carece de la vergüenza necesaria como para no ocultar su presencia, convirtiéndose en el hazmerreír, no solo de sus amistades, sino además del mismo personaje a quien deseaban recuperar?

Queda comprobado que un ego herido y la ausencia de una autoimagen favorable, son tapones muy eficientes para los oídos… aun cuando agudizan muy bien la vista.

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¿Qué pasa conmigo?

AngustiaHe escuchado una pregunta como la que encabeza este artículo, no  solo muchas veces, sino también en boca de personas que por  ningún concepto uno identificaría como perdedores o fracasados.

¿Qué pasa conmigo, que no termino de tener éxito? ¿Qué pasa conmigo, que no consigo la pareja que busco? ¿Qué pasa conmigo, que por más que estudie, me esfuerce o cambie de estrategias siempre termino en un callejón sin salida?

Más o menos así, se formulan las quejas de hombres y mujeres que han pasado los 30 años y sienten que ya la suerte les está dando la espalda o que son víctimas de algún maleficio que les impide progresar en sus planes y alcanzar la realización que creen merecer.

En su gran mayoría, han tratado de copiar tácticas que a otros les han resultado útiles, pero que a ellos no les han dado más que dolores de cabeza y un escalamiento de las preocupaciones que antes tenían.

¿Qué pasa en realidad con este tipo de personas? ¿Estarán bajo el influjo de una maldición, como a veces parecen creer o les faltará mirar un poco más allá del horizonte que se han fijado como espacio para su análisis?

Haciendo la salvedad de que existen casos individuales y no puede meterse en un mismo saco a toda la Humanidad, lo que generalmente sucede con esos individuos, es que han esquematizado su pensamiento dentro de canales muy rígidos para definir lo que son sus metas, los medios para alcanzarlas y sus posibilidades reales de lograrlo.

Uno de los errores más frecuentes es ponerse objetivos excesivamente elevados, asumiendo que de ese modo se demuestra una alta autoestima. En tales casos, sucumben a la misma frustración que debe sentir un gato casero, que quiere imitar a sus parientes africanos en la cacería de una gacela. Por más que corra o afile sus garras, no podrá comer bistec para la cena, a menos que se lo sirvan en un restaurante.

El reconocimiento de las propias limitaciones sería una mejor posibilidad de éxito, porque permite fijarse metas realistas, aun cuando luego se puedan ampliar con nuevos aprendizajes. (Un ratón igualmente casero, por ejemplo y luego, al estar bien alimentado,  aspirar a una rata de mayor tamaño).

Otro factor que influye en el fracaso, es el autosabotaje. Es decir, los elementos de la propia personalidad que actúan silenciosamente para producir las zancadillas que se hace uno mismo, impidiendo así la realización de los planes.

¿Qué quiere decir esto? Pues que en ciertas personas, existen elementos conflictivos relacionados al éxito, el cual – por razones dinámicas muy complejas – les produce sentimientos de culpa.

Cuando ellas actúan tratando de alcanzar sus metas, cometen pequeños errores de los cuales a veces ni se dan cuenta. Para su mente consciente, han hecho lo correcto y su mejor esfuerzo; pero un examen posterior o más acucioso de sus acciones, revela que en ciertos puntos clave de su desempeño, se han perjudicado a sí mismos.

No hay entonces, efectos de la magia, ni maleficios, ni nada que se le parezca. Lo que existe son conflictos internos que deben ser resueltos.

Mi consejo a quien se pregunta ¿Qué pasa conmigo?, es que se dedique a trabajar sus metas, haciéndolas realizables (esto es, que estén dentro de la realidad); que reconozca sus límites, tratando de superarlos en lo posible y que esté alerta sobre los más mínimos detalles de su conducta para evitar el autosabotaje.

Con esto, al menos tendrá la seguridad de que lo que le pasa está bajo su control y no en manos de los arcanos del Universo y que en esa medida, podrá o no modificarlo.

La verdad de todo, es que el cielo no es el límite. La realidad interna, sí lo es.