Artículos

El aburrimiento, ¿signo de patología o una herramienta para…

―Estoy fastidiado ―decía yo.

―Busca oficio ―replicaba mi madre, siguiendo el patrón familiar de una época en que se valoraba el trabajo por encima de la diversión.

Nu dudo que muchos de quienes leen este artículo hayan tenido una vivencia similar y seguro estoy de que en su momento pensaron lo mismo que yo: Read more “El aburrimiento, ¿signo de patología o una herramienta para estimular la mente?”

Artículos

Todos tenemos un don. ¿Conoces el tuyo?

Clouds

Frecuentemente, los relatores de la Historia emplean adjetivos altisonantes y sublimes loas para ensalzar las virtudes de personajes geniales como Goethe, Mozart, Da Vinci o Einstein, haciendo que el resto de los mortales parezcamos viles insectos, carentes de alguna virtud que nos permita levantar la cabeza con orgullo.

Naturalmente, a individuos como los mencionados hay que reconocerles sus méritos y agradecer los aportes que dejaron a la humanidad; pero estaríamos muy equivocados si aceptáramos que solo ellos o un puñado de “elegidos por los dioses”, vienen al mundo dotados de cualidades que los hacen especiales.

Al analizar este tema, he recordado el caso de un amigo de mi adolescencia quien no había estudiado más allá del sexto grado de Primaria, era muy poco agraciado físicamente y en general, la gente del vecindario lo tenía por “un loquito” que nunca llegaría a nada.

En su juventud temprana, cometió la imprudencia de embarazar a su novia.

Dado que no tenía un oficio específico o un trabajo fijo, uno de mis tíos le ofreció su casa de playa para que residiera en ella. A cambio, solo tendría que hacer las labores rutinarias de mantenimiento y vigilancia.

Tres meses después, los compañeros fuimos a visitar a la pareja y de paso, darnos un baño de mar.  Apenas entrar a la casa, nos impactaron los cambios que el “loquito” aquel le había dado.

Según nos contó, un día que andaba aburrido decidió usar unos botes de pintura sobrante que había almacenados en el sótano y decorar algunas paredes con  diseños que se le iban ocurriendo en el momento.

Al verlos, quedamos sorprendidos a niveles siderales. El tipo era un pintor de frescos, ¡extraordinario! y nunca nadie se había dado cuenta de ello, porque ni siquiera  él mismo se sabía dueño de un don tan especial.

He allí una muestra de lo que ocurre cuando has vivido en la convicción de no tener nada de genio y de pronto te topas con otra realidad.

Claro está, que sería una tontería caer en el autoengaño, creyendo que porque traces tres garabatos al azar, eres comparable a Picasso o Miró. De lo que se trata es de evaluar correctamente tu potencial interno y explotarlo, ya sea por puro placer o porque deseas obtener algunos beneficios.

Piénsalo. Tal vez esa tendencia a deducir figuras en las nubes o una cierta habilidad para jugar al dominó con galletas de soda, sean indicios de algo que ronda en tu inconsciente, esperando a ser canalizado de forma más útil.

Haz como mi amigo, quien aprovechó productivamente unos ratos de tedio, en lugar de correr a aturdirse con los ruidos provenientes de la radio o las imágenes del televisor.

Sin saberlo, él cumplió con el consejo del investigador Jean Piaget, quien alentaba a los padres a permitir que sus hijos se aburrieran, porque así se verían obligados a crear.

Inténtalo. Quién sabe si no has descubierto tu don porque has estado demasiado ocupado(a) en cosas que parecen urgentes; pero seguro, allí está.

Búscalo, entrénalo y úsalo. Verás el cambio que da tu vida para volverse más interesante.