Venezolanos En Casa Ajena - nuevo libro de César Landaeta - Psicología, emigrante venezolano Libros de César Landaeta H.

Venezolanos «en casa ajena». Los retos psicológicos de la…

La decisión de emigrar definitivamente, algo impensable para los venezolanos de apenas unas décadas atrás, se ha convertido en un evento común en la Venezuela actual. Sus implicaciones psicológicas y los desafíos que confrontan quienes han tomado la decisión de radicarse en otro país, son el tema central de esta obra.

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LO QUE SIENTEN LOS VENEZOLANOS EN EL EXTRANJERO

Se sabe que emigrar es una de esas crisis que generan duelos de intensidad variable, según sea la personalidad y las condiciones de cada cual. Por eso, no veo la necesidad de remarcar ese hecho como el tema central de mi escrito.

Lo novedoso en este caso es que se trata de venezolanos, dignos representantes de una sociedad que no tenía emigrantes en su registro mental, porque solo los había recibido en su seno y quienes nacían en Venezuela, eran poco aficionados a peregrinar, como no fuera a Isnotú o al santuario de la Virgen de Coromoto.

Los casos que he venido recibiendo en mi consulta online tienen desde luego la marca del duelo, pero con el añadido de una constante zozobra por lo que acontece cada día en el país que dejaron, la preocupación por las familias que quedaron allá y la visión prospectiva de sus reticencias, conscientes o inconscientes, a regresar.

Como es usual en los procesos de cambio, cuando estos obedecen a condiciones externas y no a una decisión del todo libre, las manifestaciones ansiosas de este grupo de personas a veces son inexpresables verbalmente y más bien se reflejan en episodios de rabia, depresión, sentimientos de inadecuación, tensiones en las parejas y otros síntomas de inestabilidad emocional.

Aun cuando algunas de las estrategias destinadas a superar las crisis puedan ser exitosas, también hay otras que solo empeoran la situación. Una cierta inclinación a la arrogancia, un sentimiento de superioridad ante la sociedad que les ha acogido o por el contrario, una actitud de minusvalía y una postura defensiva hacia los nativos a quienes prefiguran como potenciales enemigos, de los cuales hay que mantenerse a buena distancia, se cuentan entre estas últimas.

La pugna interna entre el deseo y la frustración, suele ser una constante en las problemáticas que se presentan como motivos de consulta. Lo que varía es la forma de manejar el comportamiento.

Sea cual sea la modalidad del trastorno, lo cierto es que al promedio de los venezolanos que emigran, no les va tan bien como quieren pensar quienes les aman o aquellos que desde lejos y sin conocer por lo que pasan sus connacionales, les acusan de cobardes y traidores.

Un poco más de empatía y una dosis de solidaridad, entre “los de allá y los de aquí”, sería un alivio. No obstante, la mayor fuente de tranquilidad sería la certeza de que en el futuro no habrá más esos dos tipos de venezolanos, sino un solo país que se queda “aquí” y que si algunos deciden irse para “allá”, siempre podrán volver a los brazos abiertos que les recibirán con una bienvenida sonriente en la cara.

¿Un sueño fantasioso? ¿Un simple acto de esperanza?, sí…  Tal vez sea lo único que nos queda.